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    Moda e Imagen

    El poderoso discurso de la ropa

    Durante los días de celebraciones y asunción de su nuevo cargo, la presidenta Keiko Fujimori nos recordó que comunicar va mucho más allá de las palabras.

    La vestimenta influye mucho más de lo que imaginamos en la forma en que percibimos a una persona. Y en política, donde cada aparición pública es observada y analizada, se convierte en una herramienta clave de comunicación.

    Hablemos de las lecciones de imagen estratégica que Keiko Fujimori nos dejó en sus primeros eventos oficiales. Cada uno de sus looks fue cuidadosamente diseñado y hubo que tomar decisiones sobre colores, texturas, accesorios, y todos los elementos que los compusieron. Esta no es una nota política, es un análisis de cómo cuando la ropa comunica con intención deja de ser un elemento “superficial” para convertirse en pieza clave para lograr que nuestro mensaje gane fuerza.

    LECCIÓN 1: El vestuario comunica pertenencia
    La tarde del 27 de julio, la mandataria sostuvo reuniones bilaterales con los jefes de las delegaciones internacionales invitados a la ceremonia de toma de mando. Para ese encuentro eligió un traje estilo militar diseñado por Yirko Sivirich en color azul marino.

    El creador incorporó detalles inspirados en el Koshi Kené, uno de los lenguajes visuales más representativos del pueblo Shipibo-Konibo, cuyos diseños simbolizan la conexión entre la naturaleza, la espiritualidad y el universo. Estos motivos recorren el cuello, la pechera, la cintura, los bolsillos y los puños, convirtiéndose en un hilo conductor que representa la riqueza cultural del Perú desde una mirada contemporánea.

    Aquí es cuando el traje deja de ser solo una prenda bonita para convertirse en un mensaje. La identidad peruana aparece como un elemento constante desde el inicio del mandato.

    Proyectó: diplomacia, identidad nacional y apertura al mundo.

    LECCIÓN 2: La pregunta que debemos hacernos no es ¿qué me pongo?, sino ¿qué quiero comunicar?
    Para la ceremonia de juramentación del 28 de julio, Keiko Fujimori apostó por un vestido diseñado por Patricia Musiris, directora creativa de Moda y Cía.

    La elección del color no fue casual. Otra vez se eligió el azul, que suele asociarse con confianza, estabilidad, serenidad y liderazgo. Es uno de los favoritos en comunicación política porque inspira credibilidad sin perder cercanía.

    La lección aquí es que la estrategia funciona exactamente al revés de lo que solemos hacer: primero debemos definir qué queremos comunicar y sobre ese objetivo elegir lo que más nos favorece. En este caso, la silueta de escote elegante y mangas tres cuartos del vestido estilizaba la figura de la presidenta con sobriedad y sofisticación.

    Los detalles seguían la narrativa del look anterior. Este vestido tenía los puños bordados inspirados en las flores de Huancayo, y fueron desarrollados junto con la diseñadora Meche Correa, creadora también del clutch de seda que fue hecho con el mismo motivo.

    Para la ceremonia de juramentación del 28 de julio, Keiko Fujimori apostó por un vestido diseñado por Patricia Musiris, directora creativa de Moda y Cía.

    La elección del color no fue casual. Otra vez se eligió el azul, que suele asociarse con confianza, estabilidad, serenidad y liderazgo. Es uno de los favoritos en comunicación política porque inspira credibilidad sin perder cercanía.

    La lección aquí es que la estrategia funciona exactamente al revés de lo que solemos hacer: primero debemos definir qué queremos comunicar y sobre ese objetivo elegimos lo que más nos favorece. En este caso, la silueta de escote elegante y mangas tres cuartos del vestido favorecía la figura de la presidenta con sobriedad y sofisticación.

    Un detalle de orfebrería elaborado por el artesano Samuel Huayanay completó una propuesta donde cada elemento parecía responder a una misma idea: poner en valor el talento nacional.

    Proyectó: confianza y un liderazgo femenino que no necesitaba renunciar a la elegancia para transmitir autoridad.

    LECCIÓN 3: Los elementos visuales no deben competir entre sí
    Horas más tarde llegó un nuevo cambio de vestuario. Para el saludo desde el balcón de Palacio de Gobierno, la presidenta apareció con un vestido de Fátima Arrieta.

    El reto de la diseñadora fue lograr que el vestido no se convierta en el protagonista, su función era enmarcar el símbolo más importante del evento: la banda presidencial.

    Descartó el azul, predominante en los eventos anteriores, y realizó pruebas con distintos colores junto a la banda presidencial hasta encontrar el dorado maíz. Fue elegido por su sobriedad y elegancia, pero también porque transmite tranquilidad y calidez, ideales para un momento de celebración y cercanía con la ciudadanía.

    Un dato anecdótico de este vestido es que, debido a la iluminación, en cámaras pareció blanco, pero igual funcionó.

    Proyectó: cercanía, calidez y celebración.

    LECCIÓN 4: Cada escenario exige un mensaje distinto
    El cambio más interesante llegó durante la Parada Militar. ¿Por qué eligió un traje sastre y no un vestido?

    Durante ese acto protocolar, la mandataria asume también el cargo de Jefa Suprema de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional. El contexto exigía proyectar una figura más solemne.

    En un escenario donde predominan el orden, la disciplina y la firmeza, su presencia debía transmitir aplomo y autoridad. Esta vez, la diseñadora Sue Zacnich, reconocida por adaptar la estructura clásica del traje a la figura femenina, fue la encargada de vestirla.

    Las líneas rectas, la construcción de los hombros y la silueta estructurada son códigos visuales asociados con liderazgo e institucionalidad. A ello se suma la sobriedad cromática: el pantalón y la solapa tipo smoking en tono marfil suavizan la fuerza del negro, evitando que el conjunto resulte excesivamente rígido para una ceremonia diurna.

    El traje fue confeccionado con tejido peruano Barrington Super 140’s, una línea premium de la tradicional firma textil Barrington. Más que un detalle técnico, su incorporación reforzaba la apuesta por poner en valor la excelencia de la industria textil peruana.

    Siguiendo esa misma narrativa, en los puños se bordaron un diseño de la artesana huancaína Cliofé Mendoza, inspirado en los tocapus, antiguos motivos geométricos de la tradición andina vinculados al legado del Imperio Inca. De esta manera, el traje integró nuevamente la artesanía peruana como parte del discurso visual.

    Otro detalle interesante fue la solapa continua, que estiliza el torso femenino y permite que la banda presidencial se integre visualmente con limpieza, sin romper la armonía del conjunto.

    Personalmente, asocié este traje con la figura de José de San Martín y el nacimiento de la República. No sé si la intención fue hacer un guiño al uniforme histórico del libertador, pero me hizo reflexionar sobre el poder que tienen las prendas para activar símbolos que ya existen en nuestra memoria colectiva.

    Una vez más, la elección del atuendo no se trató únicamente de un criterio estético, sino de una decisión estratégica coherente con el escenario. ¿O habría generado la misma percepción de autoridad si hubiera asistido a la Parada Militar con el vestido de la juramentación?

    Proyectó: autoridad, institucionalidad y liderazgo.


    Por Sandra Roncagliolo

    domingo 9 de agosto, 2026