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Vida Vian

Gratitud: aprender a mirar lo que sí

Cada 21 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Gratitud, una fecha que nos propone algo que parece sencillo pero que no siempre hacemos: detenernos para dar gracias por lo que tenemos.

La celebración nació en 1965, a partir de una propuesta del líder espiritual y maestro de meditación Sri Chinmoy. Durante una reunión de Thanksgiving en el East-West Center de Hawái, surgió la idea de crear una fecha que pudiera ser compartida más allá de las fronteras y las culturas. Los asistentes se comprometieron a organizar encuentros de gratitud el 21 de septiembre siguiente en sus respectivos países.

Agradecer para recuperar perspectiva
La celebración nació en 1965, a partir de una propuesta del líder espiritual y maestro de meditación Sri Chinmoy. Durante una reunión de Thanksgiving en el East-West Center de Hawái, surgió la idea de crear una fecha que pudiera ser compartida más allá de las fronteras y las culturas. Los asistentes se comprometieron a organizar encuentros de gratitud el 21 de septiembre siguiente en sus respectivos países.
Vivimos tan pendientes de lo que falta que dejamos pasar desapercibidos muchos de los regalos que recibimos a diario. Pero quienes hemos hecho el ejercicio alguna vez el ejercicio lo sabemos: cuando nos tomamos el tiempo de reconocerlos y valorarlos, podemos darnos cuenta de que el camino hacia la vida soñada también merece ser disfrutado.
Agradecer no es un ejercicio tan sencillo como parece, pero hacer una pausa para mirar aquello que sí tenemos puede valer el esfuerzo.
Hay evidencia científica que respalda algunos de sus beneficios. Un metaanálisis publicado en 2023 revisó 64 ensayos clínicos aleatorizados y encontró que las intervenciones de gratitud se asociaban con una mejor salud mental, mayor sensación de bienestar y menos síntomas de ansiedad y depresión. No reemplazan los tratamientos para estas condiciones, pero son un complemento valioso.
La gratitud también ha sido relacionada con el descanso. Una investigación publicada en el Journal of Psychosomatic Research encontró que las personas con mayores niveles de gratitud reportaban una mejor calidad y duración subjetiva del sueño. Los investigadores observaron esta relación podía explicarse por lo que suele ocurrir en nuestra mente antes de dormir: preocuparnos y revisar nuestros pendientes. Si en lugar de eso recordamos con alegría lo bueno que nos pasó en el día, podemos propiciar un descanso más pleno.
No es que agradecer nos convierta automáticamente en personas satisfechas con todo. Es algo más interesante: esta práctica parece tener la capacidad de cambiar, aunque sea ligeramente, el lugar desde donde miramos nuestra propia vida.

Agradecer no significa conformarse
La gratitud no cancela la ambición, el deseo ni la incomodidad.
Podemos agradecer nuestro trabajo actual y, al mismo tiempo, querer cambiar de rumbo. Podemos valorar una relación que tuvimos y reconocer que, gracias a lo aprendido, ya no queremos estar ahí. Podemos estar agradecidos por el camino recorrido y, aun así, saber que queremos tomar otro.
No significa dejar de querer más. Significa reconocer lo que ya tenemos mientras seguimos construyendo lo que queremos.
También podemos agradecer lo que no salió como esperábamos. Y esto ya es subir de nivel.
Una despedida, un rechazo, algo que no funcionó, una oportunidad que no llegó… Hay experiencias que, cuando ocurren, parecen no tener ningún sentido. Pero, con el tiempo, podemos descubrir que modificaron nuestra manera de mirar, nos obligaron a conocernos mejor o nos llevaron hacia lugares que nunca habíamos imaginado.
La gratitud no modifica lo vivido, pero puede modificar la narrativa que construimos sobre ello.
En estos casos podemos ver solamente lo que perdimos o podemos reconocer también a las personas que estuvieron, las decisiones que nos hicieron crecer, los momentos que nos hicieron felices y la versión de nosotros mismos que fue capaz de seguir adelante.
Y no, esto no significa convertir todo lo doloroso en una lección ni obligarnos a encontrar algo bueno en cada experiencia. No estamos hablando de positivismo tóxico. Hay situaciones que duelen tanto que agradecerlas parece un sinsentido.
De lo que se trata es de mirar con otros ojos la cotidianidad. No se trata de sentir que todo está bien. Quizás se trata simplemente de encontrar el momento para mirar de otra manera lo que ya tenemos.
Te invito a que hoy empieces a hacer una pausa en medio del ruido. O, mejor aún, antes de dormir.
Recuerda aquello que te hizo feliz durante el día. Puede ser una sola cosa: una conversación enriquecedora, un antojo satisfecho, el mensaje tan esperado que por fin llegó, una caminata o incluso un momento de calma. Intenta repetir este ejercicio todos los días.
Es como ir al gimnasio: al principio cuesta, pero con los días le agarras el gusto y llega un momento en el que no puedes parar. ¿Y lo mejor de todo? Los resultados se notan.


Por VIAN

lunes 21 de septiembre, 2026